Qué bonito amaneció ayer con todo cubierto de blanco, pero después de ese primer pensamiento, vemos la realidad. Las calles están imposibles, intentar llegar a cualquier sitio es un riesgo, hay que ir sin prisa y todavía nos quedan así unos días. Ahora con los rayos del sol empieza a deshacerse la nieve, pero como hace tanto frío, donde caen las gotas de agua se nos hacen pistas de hielo y los carámbanos que parecen esperar a que pase alguien para golpearlo.
Y ahora me pregunto, llevamos unos años así, que por estas fechas algún día nos cae una nevada, no sería ya razonable tener preparado algo de sal que poder echar por las aceras del pueblo para que se pueda transitar sin miedo a perder los dientes.

Elena, tienes toda la razón, por qué lo que es tan obvio es tan difícil de ver o de querer hacer?
Ahí está la vena reivindicativa de mi hermana, olé.
Un abrazo, Montse